En mi época universitaria tuvo mi primer amor con un chico de 20 años en una acampada, yo tenía 19. Este chico me excitaba mucho y es que la cara inocente que tenía, unida al enorme tamaño de su verga, me hacían fundirme de placer en sus brazos. Confieso que todavía a día de hoy me masturbo en ocasiones pensando en aquel enorme pene. Me agradaba como lo manejaba dentro de mi. Por esta habilidad y dimensiones me encantaban nuestros encuentros, por eso un día cuando todavía faltaban un par de semanas para nuestro encuentro mensual, me solté la melena y me fui a verlo, por sorpresa.

 

El viaje fue larguísmo, mas mereció la pena. En el momento en que me vio en el andén vi en sus ojos el fuego y el deseo, seguro que me hubiese follado allá mismo. Nos montamos en su moto y nos fuimos a su universidad, puesto que debía recoger unos libros ya antes de llegar a casa. Yo estaba ya muy caliente. A lo largo del viaje me había ido imaginando lo que íbamos hacer y ya llegué bastante preparada. No pude eludir decírselo. Eso lo calentó y me solicitó que se la tocara. Sobre el pantalón aprecié un bulto duro y grande; era lo que recordaba, y deseaba tenerla en mis manos y tragármela entera...

 

No eran horas de clase y su sala estaba vacía. Yo no aguantaba hasta llegar a su casa, deseaba que me follase ahí mismo. Se lo afirmé, le afirmé que me penetrara, que tenía en tanto que sentirlo moviéndose en mi. Cuando lo oyó no se lo pensó des veces y me besó con mucha pasión (y con lengua claro), me sujetó del culo y me subió a uno de los pupitres mientras que me pegaba poco a poco más a él hasta sentir el bulto más cerca.

 

Me quitó la camisa que llevaba y le quité a él su camiseta y le bajé el pantalón; en el mismo momento él desabrochó mis pantalones, dejándome en lencería en la mitad de una clase y estaba deseando que comenzara la masturbacion mutua. La situación me exciataba mucho. Me acostó sobre las mesas y empezó a besarme los pechos, a morderme los pezones y a relamer cada una parte de mi cuerpo con una sensualidad que me hacía ver las estrellas. Bajé mi mano un instante hasta su verga y vi que estaba a puntito de reventar.

 

Se levanto y me quitó las bragas y bajó hasta mi coño y empezó a comérselo, me chupaba el clítoris, me penetraba con su lengua, me follaba con los dedos en el culo para un anal xxx, al tiempo que con la otra mano me metía los dedos en la boca a fin de que se los mordiese y se los chupase, todavía de esta forma proseguía comiéndose mi coño y, en unos segundos, me corrí como una leona en su boca, mmmm, ¡qué placer sentí en ese instante!, pero yo deseaba más, deseaba tener su rabo duro en mi, y después se levantó y se quitó los calzoncillos que llevaba dejándome a la vista su gran verga que me desquiciada.

 

En esos instantes sentí una pasión enorme, un cosquilleo que recorrió mi cuerpo; debía comerme eso, debía meterme esa tranca en mi boca. Se lo solicité y admitió con gusto. Su cara reflejaba el vicio y el placer y me fundía mientras que mi lengua, mis dientes y mis manos jugaban con tan exquisito cuerpo. Me encantaba, lo lamía una y otra vez, como cobrándome el tiempo perdido por la distancia.

 

No tardo en correrse en mi boca, ¡qué gustazo!... Me llenó enteretita de semen caliente. La necesidad de que me follase era ya inminente, entonces me abrió las piernas y puso el capullo sobre mis labios vaginales. Estaban tan húmedos que apenas debió empujar. Todavía de esta forma me embistió de forma fuerte al unísono que me apretaba las tetas. Fue tanto el placer que pegué un grito que hasta nos oyeron en conserjería. Reconozco que en ese momento no me hubiera importado tener una relación bisex y que otra chica me hubiera estado besando mientras follaba con él, pero quizás era demasiado en aquel momento.

 

En escaso tiempo llegaría alguien y hasta la noche no íbamos a poder follar más, me sujeté de su pelo y le solicité que me diese fuerte, que lo aprovechase, que era suya. Mientras que me penetraba el coño me metía dedos por el trasero. Sus embestidas eran fuertes y me estaba retorciendo de placer. Gritaba y suspiraba como una cerda mientras que le solicitaba cada vez más y más. Sentí que venía mi segunda corrida femenina, se lo dije y el me dijo: yo ya me he corrido dentro de ti...